

Llegamos al puerto Pagoeta a 953 m. de altitud, hemos salido del bosque, cerca de la puerta de la valla, que abriremos para continuar el camino que nos introducirá por túneles de hayedos que rodean el camino.
De lejos vemos a un cliclista bajando el monte con su montainbike, nos sorprende la velocidad con que lo hace, ya que logra sujetarse en este terreno tan accidental, nosotros llegamos cuando su compañero ya habia descendido por tan singular paraje, sin duda para ellos sera otra nueva sesión de entrenamiento y adrenalina, pero para nosotros todo un riesgo.
Al principio el camino se antoja abierto a los rayos de sol, la temperatura es moderada apenas logra el termometro llegar a los 20ºC, estamos sobre las 11 de la mañana, llevamos media hora desde que salimos.
Flint se sigue mostrando inquieto en este pareje donde todo se muestra más salvaje. El camino es bueno incluso para un vehiculo de cuatro ruedas, ideal para una montainbike; aunque personalmente disfrutamos más de este paseo maravilloso y de los colores que nos ofrece esta luz, que hacen mérito a estas fotografias, las lluvias caidas han intensificado los verdes.
El camino nos lleva al monumento en homenaje a Agustín Olmos que fue mi profesor y que fallecio en estos lugares; sus amigos lo recordaron con una frase que solia mencionar "Nunca se sabe lo que se tiene hasta que se pierde", nosotros también la aprendimos cuando se fue, más que un profesor un amigo.
Dejamos estos momentos tristes del camino y seguimos en suave ascensión disfrutando del paisaje que nos ofrece el dia. Flint a veces se sale del camino entre los terreplenes buscando roedores que olfatea entre los helechos, no se le escapa, ni un detalle.
Los túneles de hayedos frondosos se abren a nuestro paso dibujando en el camino dulces sombras que impiden que los rayos de sol golpeen el suelo.
Flint me acompaña entre los ruidos de la naturaleza que se escuchan a nuestro paso, principalmente de pajaros que revolotean y cantan entre los arboles, es sin duda el concierto de mediodia que ofrecen a los visitantes las critaturas de estos parajes; aquí los sonidos se hacen más intensos, ya que la camara que forman los hayedos actua como un gran altavoz que transporta con su eco esta singular melodía.
Seguimos y nos encontramos a Iker, Chus Mari y Mikel que han sufrido un pinchazo y lo estaban arreglando a nuestra llegada, nos preguntan por sus compañeros que vimos al atravesar la valla.
Les menciono lo agradable de la temperatura del dia, aunque ellos la encuentran un tanto calurosa, evidentemente la bicicleta tiene otra temperatura, les hago notar, el esfuerzo calienta los cuerpos y más para ellos que vienen de Salinillas de Buradon camino hacia la Sonsierra, me despido de ellos recordandoles que se encuentran a cuarenta minutos de sus compañeros.
Flint se adelanta parece intrigado por el bello paisaje que explora con total curiosidad, le sigo a cierta distancia, y cuando veo que se aleja lo llamó, él obedece a mi voz y se acerca hasta mí, esperando que que le acaricie la cabeza.
Mi perro es mezcla de una pastor belga con otra raza, las orejas le caen, no las tiene como las de su madre, aunque su pelo es más bonito, todavía no ha cumplido los dos años, es agíl, impetuso y obediente, sus instintos son de un belga, le gusta revolcarse entre la hierba despues de darse un baño en el Ebro, cuando el calor le aprieta, el verano le gusta pasarlo cerca de un rio.
El camino rodea el monte y el paisaje cambia de luz según esta nos de, a uno u otro lado. Los terreplenes y los montes adyacentes nos enseñan variadas tonalidades de verdes donde cambia la vegetación.
El camino se va abriendo dejando los túneles de hayas atrás, pero las imágenes de este agradable paseo se abren a nuestras retinas, los pueblos a lo lejos, los montes más arriba, y el verde y el azul que lo inunda todo; probablemente sea divertido disfrutar de una montainbike en estos parajes, pero nada como un paseo contemplativo, hay vistas que ensanchan el alma.






