

Abandonamos el paseo entre hayas, para entrar en los prados de Ortada donde encontramos al ibarrés Joseba que nos cuenta que es la primera vez que circunda estos lugares.
A lo lejos se dislumbra un paisaje de animales pastando, en este caso son un rebaño de vacas que pasa largas temporadas en estas inmensas campas que nos recuerda otros paisajes más al norte de nuestra latitud concretamente: Asturias, Cantabria o el Pais Vasco, donde en las alturas sus prados son más verdes, este contraste hace muy interesante este paseo.
Los instintos de Flint se despiertan entre las vacas, pues las ladra y hostiga, como intentando dirigirarlas, evidentemente ellas se rebelan y le enseñan sus cortos cuernos, son animales más grandes que no estan dispuestos a que un perro intranquilice su quietud.
Los prados Ortada son un espléndido paisaje en la falda norte del Toloño, se puede ver desde más arriba la espectacular visión de los rebaños pastando en esta hermosa mañana, no podemos más que sorprendernos de estas ídilicas campas que se encuentran a pocos kilometros de nuestros habituales paisajes de viñas.



Mi amigo Joseba y yo contemplamos este paisaje mientras nos adentramos en la zona de los caballos, más curiosos y sociables que las vacas; sorprende el respeto de los pastizales de cada uno de los rebaños.
Yo me decido a almorzar en este lugar mientras Joseba prefiere ascender ya a la cima. Le indicó el camino; esta convencido que la próxima vez hará el recorrido en su montainbike, aunque el trecho que le queda hasta la cumbre es bastante empinado como luego veremos; pero esos retos son los que le gustan a nuestro amigo, prefiere primero explorar para luego trazar el recorrido.
Mientras almuerzo una yegua con su potrillo pasan por delante mio, el espectáculo resulta tierno, el potrillo apenas se separa de la madre tiene pocos dias y probablemente haya nacido esta semana.
Flint se ha alejado a jugar con los caballos, cuando era pequeño la primera vez que vio uno, penso que era un perro grande, sin duda se lleva mejor con ellos, también ellos son más pacientes, tampoco parece que quieran ser agresivos con él, se muestra bien confiado, pero como sabeís nunca te pongas detras de un caballo, tus dientes tal vez lo puedan lamentar.
A mi lado derecho mientras degusto mi almuerzo puedo observar como ellos pastan tranquilamente dedicados a su tarea de deglutir la hierba.
Me siento feliz de haber llegado hasta aquí y poder observar toda esta hermosa naturaleza que me anima a acercarme a estos animales para transmitirles mi admiración y respeto, se que son seres felices en estos parajes, por eso me siento inclinado a tocarlos y compruebo su docilidad a pesar de su estado salvaje. Flint entre tanto se ha hechado en la hierba y los observa de forma relajada.


